Mi fábrica de (los) sueños,  Reflexiones,  Relaciones Sentimentales

Cómo afrontar las despedidas


Las despedidas duelen, SIEMPRE duelen. Cada vez que se ha producido una en vida he sentido dolor y junto a ese dolor, he percibido como una parte de mi corazón dejaba de latir para SIEMPRE.

Dejar de latir

Esa pequeña parte agoniza sucumbe y perece. Como una especie de antiguo sacrilegio donde se realizaban sacrificios en honor a un Dios.

Sí, esa minúscula parte deja de hacer su función, la de latir. Latir y bombear. Bombear sentimientos. Abandona su función rememorando a esa persona única y repleta de magia. Persona que ya no estará “ahí” detrás, en la sombra soplando las velas que marcan rumbo a lo seguro, a lo infalible.

Reflexionar las pérdidas

Es entonces cuando te das cuenta que quizás sea para que ése ser, encuentre a alguien diferente, especial, como es en realidad ella. Ella que derrocha alegría y desborda simpatía. Alguien que le ayude a tejer unas nuevas, grandes y maravillosas alas. Alas para poder volar. Volar de verdad, iluminado al resto de almas perdidas.

Alas para que desde lo más alto pueda orientar cual estrella alumbra a barcos en alta mar, donde no existen artificiales luces de faros en la lejanía sino autenticas estrellas-guía que guían precisamente, a esas embarcaciones que surcan mares y océanos en búsqueda de tierra. Tierra firme y segura. Tierra prometida.

Personas que guardas con cariño

Personas que esperas, confías y deseas no haber lastimado NUNCA y haber aportado algo de tu esencia en ellas, al igual que algo de su mágica fragancia, se germinó en ti de por vida.

Personas que te enseñan humildad, sencillez y confianza. Confianza en ellas, como pocas lo han conseguido antes, pero sobretodo y más importante aún si cabe, confianza en ti mismo.

Personas que por egoísmo propio nunca dejarías partir, pero que debes permitir. Clic para tuitear

Soltar. Aprender a soltar

Personas que tienes que soltar como ese precioso globo del que no te quieres desprender, pero cuyo lugar natural no es ese fino cordel anudado con un lazo a tu dedo indice sino un lugar mejor, libre. Libre para volar a través de rumbos desconocidos, guiado por nuevos y cálidos vientos.

Personas que con el paso del tiempo esperas con ilusión volver a encontrar, cual bella, dulce y tierna casualidad. Volver a ver deslumbrando, aún más, con esas nuevas, grandes, hermosas y relucientes alas.

Personas a las que decides dedicar tus mejores palabras, desde la humildad de alguien que se aventura en este mundo de la escritura escribiendo sentimientos. Escribiendo cual dictado, letra a letra, signo a signo, con cada latido del corazón. El mismo que lo hace hoy con menos fuerza, menos intensidad pero con más pasión si cabe al escribir sobre ella. Esa persona que en algún momento de tu vida perteneció a la historia de la misma. El mismo que con vidrioso ojos espera estar escribiendo un hasta luego en lugar de un adiós.


Combatir el apego

El dolor, el sufrimiento, incluso la tristeza que sentimos al desprendernos de una persona tiene que ver con el apego y nuestros sentimientos hacia la mismo.

Cuando se decide dar por concluida una relación, ya sea de amistad, de amor, fraternal o afectuosa, hay que realizar un verdadero ejercicio de interiorización y centrarse en uno mismo para conseguir transformar esos sentimientos que podríamos definir como adversos, en sentimientos de aceptación, comprensión, serenidad y calma.

A veces en la vida, es necesario soltar, así que... ¡SUELTA! Clic para tuitear

 

 

Carlos Ramajo para –MiFaDeLoSu

 

 

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