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¿Contra quién compites en tu relación?

¿Contra quién compites en tu relación?

Existen multitud de relaciones, tantas como tipos de personas. Una de las más problemáticas se da cuando dos personas con rasgos de personalidad fuerte deciden mantener una. El problema en este tipo de relaciones siempre es el mismo: La lucha de poder. Ambos quieren, persiguen y ansían el “bastón de mando”. Bastón que otorga el poder de manejar la relación al antojo de cada uno. Mando por el que se es capaz de batallar. Absurdo, estúpido e inútil trofeo. Tener el mando en una relación no da la felicidad.

Competir es innato en el ser humano. Incluso antes de abandonar su condición de animal ya competía por diversos asuntos. Pero que sea innato, no quiere decir que siempre sea sano. Ya que cuando compites puedes perder la perspectiva.

¿Qué supone la competición en la relación?

La competición en una relación conlleva siempre frialdad por parte de ambos contendientes. Contendientes que poco a poco y sin ser conocedores de la situación en la que se encuentran, se transforman en contrincantes, rivales directos. Una frialdad sutil que comienza con pequeños detalles dolorosos que son recibidos por el adversario con indiferencia. Falsa y patética indiferencia. Que en lugar de mostrar el daño ocasionado por la ofensa, decide contraatacar con una dosis más alta de desprecio empujado por su propio orgullo. Y así, sin darse cuenta los protagonistas, la espiral va creciendo a un ritmo desenfrenado y violento. Convirtiendo la propia relación, en un autentico suplicio. Una autentica tortura que ninguno de los dos integrantes es capaz de detener  por orgullo propio.

Cuando un idilio se convierte en una competición, pasa precisamente a ser eso: Una simple y burda competición donde el amor deja de tener cabida. Y todos sabemos como son las competiciones. Son duras, arduas, difíciles y en ocasiones crueles. Muy crueles. Porque cuando compites en una relación, puedes dejar un autentico reguero de sentimientos esparcidos o desparramados por el suelo, con tal de verte ganador.

Ganador que finalmente se da. Uno de los dos gana, triunfa y se reconoce victorioso. Pero la dulce sensación es efímera. Es entonces cuando el ganador empieza a ser consciente de todo lo que tuvo que hacer para alcanzar ganar la batalla. Comienza a entender todo lo que perdió en el camino hacia ella: Principios, valores, ética y moralidad. Una vez que se hace con el poder de la relación y consigue anular a la otra persona, el interés por la misma disminuye. Dando como resultado el final de la relación.

Conclusiones:

Una relación sentimental tiene que ser precisamente lo contrario a una competición. Una relación sana es crecer y avanzar juntos. Tener metas comunes y apoyar a la otra persona a que consiga las suyas, aun no habiendo conseguido uno las propias. En una relación no caben envidias por triunfos ajenos, solo corresponden alegrías y orgullos o admiración. Orgulloso de que tu pareja haya alcanzado sus objetivos vitales y admiración por quien es.

¡Deja de competir en tú relación! Crece junto a ella. Apoya sus retos y sobre todo cree en tu relación. El resultado es infinitamente mejor que ganar una batalla de poder en la que solo se juega a perder.

 

Carlos Ramajo para –MiDaDeLoSu

 

2 Comments

    • Mi fábrica de (los) sueños

      Tres características imprescindibles: Seguridad, confianza y apoyo. Si una falla, la relación se tambalea.

      Gracias por tu participación Blueberry, espero volver a verte por el blog, mientras, continuaré leyendo tus escritos. 😉

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