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El riesgo de vivir deprisa

El riesgo de vivir deprisa

Parece que existe una fuerza extraña y ajena a nosotros que nos empuja a vivir locamente antes de cumplir los 30-35 años como si el mundo terminara después de alcanzar dicha franja. Y he aquí, desde mi punto de vista, el gran error. Vivimos grandes crisis existencialistas antes de cumplir estas edades como si todo aquello que no hiciéramos antes, no pudiera hacerse después.

Queremos correr para “vivir”, viajar al mayor número de lugares existentes en el planeta con la impresión, equivocada, de que si no lo hacemos con inmediatez nunca podremos realizar tales actos o aventuras. Y en ese camino tan precipitado descuidamos el interés por alcanzar una estabilidad económica, laboral, sentimental y sobretodo emocional que pasados los famosos 35 años tendrá sus graves consecuencias a modo de serias crisis existenciales, estas sí reales y complejas, por no haber alcanzado cierta estabilidad personal.

En este punto, me detengo y reflexiono. Comparo mi generación con la de mi padres y hallo una gran diferencia respecto a las generaciones venideras. “Y es que a mi, me educo otra generación”. Una que estaba más preocupada de alcanzar la hoy en día rareza de tener las necesidades imprescindibles cubiertas y luego disfrutar de la vida y no al revés. Una generación que hoy los jóvenes miran con asombro irrisorio y desprecio sin entender como sacrificaban sus propios caprichos por conseguir un bienestar a largo plazo a costa de “vivir la vida loca”.

Una generación donde primaba la palabra, el compromiso, los valores, principios individuales y colectivos, hoy conceptos en desuso, en favor de una sociedad tolerante y respetuosa con el resto. Una generación que no estaba tan preocupada por mirarse el ombligo a través de ridículos selfies que lo único que dejan patente realmente, es la soledad en la que nos encontramos a modo de llamada desesperada en forma de like.

Una generación que quizás sí, después de alcanzar sus principales objetivos vitales olvidaron que también se trata de disfrutar y vivir la vida, pero que sin lugar a dudas demostraron más valor y lealtad hacia sus iguales de lo que lo hemos hecho generaciones posteriores. Y es que lo que no te cuentan aquellos que te empujan a vivir tempranamente todas las experiencias posibles como si de una alocada carrera se tratara, es que si no te preocupas tempranamente por conseguir una estabilidad de vida que cubra tus necesidades básicas e imprescindibles, te resultará mucho más complicado alcanzarlo a mayor edad.

Hoy, en este escrito, me gustaría reflejar una reflexión que tuviera en ti la repercusión suficiente como para que por lo menos reflexionaras sobre tus principales prioridades de un modo temprano: Desde la seguridad y tranquilidad de tener un trabajo relativamente estable, un hogar o refugio al que regresar tras cada aventura y sabiendo que tus necesidades más básicas están cubiertas, se disfruta infinitamente más de la vida y de sus aventuras que careciendo de dicha estabilidad.

Pero como todo en la vida, siempre hay un “pero”, valga la redundancia. Siento decirte que ésto solo se consigue, si a temprana edad en lugar de haberte dejado llevar por esa oscura fuerza que te arrastra a vivir “locamente”, con el único objetivo de aparentar una vida de ensueño que el resto envidie en tus hoy tan famosas redes sociales, te has dedicado a conseguir lo que nuestros mayores tan inteligentemente buscaban como primera necesidad: El bienestar para ti y los tuyos.

Carlos Ramajo para –MiFaDeLoSu

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