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¿Quién puede tocar tu dignidad?

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Un simple comentario en contra de nuestra persona puede hacer que sin ser conscientes de ello, nos desvaloremos a nosotros mismos. Si la crítica proviene de alguien cercano, alguien a quien admiramos, queremos o amamos, puede ser incluso demoledora y sin lugar a dudas, dañina o perjudicial para nuestra propia autoestima. Tanto, que podemos llegar al punto de perder nuestra dignidad por hacer caso o dar valor a un comentario, que de partida, simplemente es una opinión subjetiva de alguien que quizás no merezca ni siquiera nuestra atención, como para recompensarle con algo más como puede ser nuestro afecto, cariño o amor.

Dignidad: Ese pequeño apartado reservado en cada uno de nosotros donde la autoestima tiene su lugar. Lugar en el que encontramos lo que comúnmente conocemos como orgullo propio u honor. Ese rinconcito donde nos consideramos igual que el resto, en alguna ocasión erróneamente por encima, y en no pocas por debajo. Y es en esta última situación, donde la misma se torna peligrosa. Cuando creemos que somos o valemos menos de lo que en realidad es.

En los momentos que sentimos nuestro honor franqueado, la autoestima se ve directamente afectada. Es por ello que no podemos permitir jamás, que las opiniones subjetivas de las personas, cercanas o no, afecten hasta alcanzar nuestra autoestima viéndose afectada la dignidad. Pero decirlo es relativamente sencillo, llevarlo acabo suele ser mucho más complejo.

Es por este motivo, por el que he decidido contaros lo que una vez alguien tuvo la gentileza de transmitirme, a través de un bello símil; las palabras exactas, si mal no recuerdo, fueron:

«Carlos, la dignidad es como un diamante.»

Un diamante… Suena muy bien, ¿verdad? Pero, ¿Sabéis que características hacen tan especial a este preciado mineral? Que es inalterable e invencible. Esta definición corresponde exactamente a la etimología de la palabra, proveniente del antiguo griego αδάμας: Adámas. Este vocablo tan peculiar, tiene como significado esos dos conceptos tan bonitos. –Sí, hay palabras bonitas, vete interiorizandolo. – Bueno, volvamos al asunto que nos ocupa; inalterable e invencible. Tras esta contundente cita, vino la explicación por parte de la persona que la pronunció, que intentaré reproducir lo más fielmente posible, que mí tan malograda memoria permita:

«Tu dignidad es como un diamante. Puede que se te caiga al suelo, que le des un golpe contra algo como puede ser el marco de una puerta o que lo roces sin pretenderlo. Cuando esto sucede, el diamante se ensucia o parece que tiene algún rasguño, pero… ¿Sabes que sucede cuando lo coges y lo limpias un poco con un simple trapo? Que tú diamante, tu dignidad, vuelve a estar brillante y reluciente, como si nada le hubiera sucedido nunca.» 

Esas palabras calaron tan profundo en mi, que a día de hoy es algo que recuerdo cada vez que alguien lanza una crítica o realiza un desprecio hacia mí persona, con la única y exclusiva intención de hacer daño.

¿Quién pierde realmente la dignidad? Solo la pierden aquellas personas que dejan de ser fieles y leales a los principios o valores éticos y morales. Esa carga, la perdida de dignidad, es única y exclusivamente para aquellos que traicionan de forma ilusa al resto de personas, sin ser conscientes de la existencia de la propia deslealtad a uno mismo como individuo.

Por este motivo, hoy te hago conocedor de este precioso símil que una vez alguien tuvo la generosidad de compartir conmigo. Con la intención de que lo interiorices y cale profundamente en ti,  de modo que si algún día alguien cercano o con la capacidad de llegar a tocar tus sentimientos, pretende dañar tu dignidad, recuerdes que tu honorabilidad, tu dignidad en última instancia, es como un gran diamante. Un diamante inalterable e invencible al que nada ni nadie puede quitar sus tan preciadas cualidades.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta que encabeza este post, es sencilla. Nadie, absolutamente nadie tiene la capacidad de franquear tu dignidad. Así que no dejes que nunca nada ni nadie te desprecie. No permitas que intenten arrebatarte ni la más mínima pizca del valor que tienes. Porque sí, lo tienes ¡Por supuesto que lo tienes! Un valor único e inigualable. Recuerda que no existen dos personas o seres exactamente iguales en todo el planeta, así que ni se te ocurra dudar de esta afirmación. Tan solo, tienes y debes que creer en ello.

No lo olvides, tú dignidad es inviolable.

Carlos Ramajo para –MiFaDeLoSu

 

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