Crecimiento Personal,  Mi fábrica de (los) sueños,  Reflexiones

Uno de nuestros peores enemigos: El orgullo.

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Maldito orgullo, nos hace errar como personas faltando a principios éticos y morales que jamás hubiéramos imaginado traspasar. Nos encadena a sentimientos, personas y circunstancias pasadas, en las que el dolor no deja paso a nuevos horizontes. Horizontes repletos de nuevas y agradables experiencias.

Orgullo y dignidad, son términos o conceptos con distinto significado, diferenciados por una fina linea casi imperceptible al ojo humano. En esta particular obra, es el orgullo el encargado de crear una falsa y errónea sensación en lo más profundo de nuestro ser, de haber perdido la dignidad. Orgullo y dignidad, ambos con la capacidad de crear y dejar sensaciones cuanto menos amargas, cuando tenemos la impresión equivocada de haber perdido la batalla.

Orgullo y dignidad, sentimientos cercanos e íntimamente ligado al rencor y en no pocas ocasiones, a la sed de venganza. Sentimientos, todos ellos negativos que dificultan mejoras y crecimientos personales individuales.

Orgullo, rencor y venganza. Instintos básicos, de civilizaciones extinguidas donde el honor estaba erróneamente ligado a conceptos totalmente abstractos, subjetivos, por individuos carentes de filosofías repletas de paz, serenidad y bienestar interior.

El orgullo es un elemento que entre sus características, se encuentra la más vil y despiadada propiedad de no permitir avanzar en el presente anclándonos a un pasado, a día de hoy, inexistente.

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¿Qué se puede hacer con el rencor?

El rencor, debes apartarlo, desprenderte de él y dejarlo para aquellas pobres almas que anhelan venganza estimulados, movidos, por el orgullo, sentimiento ancestral adherido al ser humano en relación, a modo de maldición, de simbiosis eterna.

¿Y la venganza, que será de ella entonces?

Ansiar un concepto repleto, rebosante de negatividad, solo puede alejarte del bienestar personal e individual. Cuando esto sucede, tu felicidad deja de ser tal. Desear un mal igual o mayor al sufrido, conlleva pérdida de perspectiva real, por no hablar de la atrocidad a la que te ves abocado al convivir con tales sentimientos.


El orgullo, el rencor y la venganza, consiguen que el razocinio pase a un segundo o tercer plano. Si la razón pierde su lugar, todas las actitudes, decisiones y posicionamientos que llevemos a cabo en nuestra vida, nos acercarán de manera precipitada hacia el estrepitoso fracaso del crecimiento personal y la autodestrucción como persona íntegra repleta de principios y valores.

Orgullo y rencor, consumen por dentro sin ser conscientes de ello. Desde el interior se abren paso devorando tus entrañas, destrozando cada órgano a su paso, hasta arrancar la piel a tiras y alcanzar el exterior en forma de animal salvaje, feroz, desbocado y abocado a mayor sed de sentimientos perjudiciales asociados a la venganza. Sentimientos, única y exclusivamente, perjudiciales para el huésped que los alberga.

Como dice en su recta final una de las canciones, que con tanto sentimiento interpreta Vanesa Martin: «No dejes que el orgullo se lo lleve todo

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