Desarrollo Personal,  Mi fábrica de (los) sueños,  Reflexiones

Aprende, a perder.

¿Te cuento un secreto? He perdido en todos los ámbitos de la vida que puedas imaginar. Educacional, laboral, personal, sentimental… ¡Todos! En todos ellos y más de una vez. En cada uno de esos entornos he sufrido y sentido lo que en la jerga de los boxeadores se conoce como besar la lona. O como a mi me más gusta decir, morder el polvo. He mordido el polvo tantas veces que ni recuerdo el número. Auténticas derrotas. Derrotas de esas que marcan un antes y un después.

Perder, que dura es la derrota ¿verdad? Amarga, dolorosa y triste. Porque perder lleva consigo el sentimiento de tristeza. No conozco a nadie que después de perder no haya percibido melancolía por no sentirse victorioso.

El ser humano, por naturaleza, es competitivo y dentro de la disputa parece que solo existen dos opciones: Ganar o perder. La segunda opción, la más amarga, va ligada al orgullo personal, al ego, inversamente proporcional éste último a la importancia que damos al que dirán.

La derrota suele arrastrar un sentimiento complicado, difícil de sobrellevar y todavía más complejo de encauzar o canalizar. Este sentimiento es la frustración. Sentimiento infantil si lo piensas bien. Definido de una forma simple y sencilla, no es más que lo que tu interior experimenta, siente, cuando no consigue salirse con la suya.

La derrota puede parecer o la podemos asociar al término final. Parece que cuando pierdes, se termina el juego. Pero… ¡Realicemos aquí un alto en el camino! Detengámonos un instante. Antes de continuar, vamos ha analizar la etimología del vocablo «final»:

Final, del latín finis. Dos significados: Final y meta a alcanzar.

Dos significados, una elección. Una decisión a tú alcance, única y exclusivamente. Tú decides con cual de los dos significados te quedas cada vez que la vida te haga acariciar con tu mejilla la superficie sobre la que pisas con tus pies cada día. Puedes quedarte con el significado de final, donde la función llega a su fin, las luces se apagan y todos se van a casa, o puedes utilizar la experiencia para aprender, crecer, y primero Re-dirigir para después alcanzar tus nuevos objetivos, tus nuevas metas.

El sentimiento que podrás percibir con cada resurgir, la sensación que algo dentro de ti ha cambiado después de cada renacer es difícil de describir, pero sí puedo afirmar que sin que seas consciente contribuirán a un crecimiento personal mayor, exponencial me atrevería a decir. Que además se producirá de una forma un tanto vertiginosa, de la cual solo serás consciente con el transcurso del tiempo.

Cada vez que te recuperes en cualquiera de las batallas que libres, tendrás la oportunidad de experimentar un crecimiento personal importante.

Las derrotas, dan una perspectiva diferente, brindan una oportunidad de aprender las mejores lecciones de la vida. Las derrotas no son negativas, lo negativo es dar por finalizada la partida. Dejar de jugar es lo realmente peligroso. Así que NUNCA lamentes perder. Teme no haber aprendido la lección. Eso sí que es contraproducente. Cada derrota conlleva implícita una ganancia.

Todos los fracasos, tienen un denominador común. Siempre te levantas siendo una persona diferente. Una persona más fuerte, más audaz, más sabia, más segura y sobretodo con la sensación clara de saber exactamente que es lo que quieres en la vida y por consiguiente, cuál o cuales van a ser tús próximos objetivos.

Las derrotas curten, cambian tus facciones, las endurecen, te hacen más fuerte, más inteligente, más constante y más sabio pero sobre todo, re-generan un valor necesario e imprescindible como la humildad, un tanto en desuso desgraciadamente en los tiempos que corren.

Las caídas enriquecen, te recuerdan quien eres, te devuelven a tus orígenes. Lugar en el que recuperar tu esencia siempre es mucho más fácil de conseguir.

La derrota no deja de ser una experiencia y las experiencias se pueden, se deben siempre convertir en victorias. De las derrotas se aprende mucho más que de las victorias, no lo olvides.

Tu mejor versión no la consigues saliendo victorioso, no. Tu mejor versión es el resultado de todas las caídas, de todas las decepciones, de todas las lágrimas que has vertido en el camino, de todas esas heridas que no dejaban de sangrar hasta el punto de llegar a desangrarte y que a día de hoy, están representadas en cicatrices. Bellas y hermosas cicatrices que intentas ocultar por miedo al rechazo, olvidando que son precisamente esas marcas tan peculiares en tu piel, en tus entrañas, las que te dan una personalidad única, cautivadora, misteriosa, interesante y atractiva.

Si no has sentido la derrota en tu piel, si careces de la mayor representación de cada caída en forma de cicatriz,  es que quizás no has puesto todo tu corazón en las batalla que has librado. Cuando no pones ese músculo en la contienda, el aprendizaje y el crecimiento personal dejan de existir.

Y… ¡No te preocupes por cuánto tiempo tardas en resurgir! La metamorfosis que sufre la oruga para convertirse en mariposa es uno de los mayores espectáculos de la naturaleza, es un proceso de cambio, no es nada fácil, tiene sus etapas, lleva su tiempo y es dolorosa. Pero el resultado es simplemente, MARAVILLOSO.

Sin lugar a dudas, perder, es lo mejor que te puede pasar en la vida.

Carlos Ramapo para –MiFaDeLoSu

 

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