Mi fábrica de (los) sueños

Elemento ambiguo, presente en tu vida.

Existe un elemento que pasa desapercibido ante nuestros ojos como una especie de fina tela de araña, que condiciona nuestra vida encadenándonos continuamente, ante el que no somos indiferentes sin ser conscientes de ello. Al que en pocas ocasiones préstamos la atención adecuada y necesaria sin ser conocedores, que a dicho elemento, le caracteriza una poderosa y caprichosa virtud: La virtud de poner fin a tú existencia. A este singular elemento, creado por y para el hombre a modo de Dios, lo denominamos y conocemos como el tiempo.

«El tiempo es un lemento que paga y cobra, con una misma única moneda.»

MiFaDeLoSu

El tiempo, es como una afilada guillotina que espera sobre nuestras cabezas sin saber cuando el falso ajusticiador, decidirá accionar el mecanismo que llevará consigo la frenética decapitación.

¿Qué sucede cuando las manecillas de tu reloj se detienen? ¿El tiempo se para? No, simplemente, dejas de ser consciente del momento exacto en el que te encuentras, medido por una unidad inexistente e ilusoria. ¿Alguna vez te has preguntado qué sucederá cuando tú ya no estés? Nada, la respuesta es nada. Siento decirte, que todo continuará de la misma manera, con una única excepción: Que has dejado de poder observar y sentir lo que sucede a cada instante, porque decidiste no hacer nada lo suficientemente relevante, como para que tu nombre pasara a los anales de la historia. De los miles y miles de millones de personas que han existido a lo largo de la historia de la humanidad, solo conocemos la existencia y la vida en profundidad, de unos pocos. El resto, han pasado al olvido como si ni siquiera hubieran existido.

El tiempo es caprichos y en su virtud, reside uno de sus mayores poderes: La relativización. Es capaz de conseguir que amemos a personas que ni siquiera queríamos o en las que no habíamos reparado, pero asimismo,  tiene la habilidad de crear indiferencia en aquellas por las que sentíamos pasión o locura – Difícil línea la que las separa – desmesurada y desenfrenada.

Hay asuntos que el tiempo consigue diluir, mejorar,  otros en cambio,  empeorar. Hay que tener cuidado con lo que se decide apartar durante un tiempo, porque puede que el propio tiempo, decida que es definitivo, para siempre.

La perspectiva del tiempo, cambia según la edad que tengamos. Lo que un día nos pareció decrépito pasa a ser nuevo, y lo que percibíamos como juventud pasa a ser un recuerdo de un «tiempo mejor «.

El tiempo nos da, pero también nos arrebata aquello que creemos o creíamos poseer. Y es capaz de hacerlo en un instante, de forma contundente y definitiva, sin capacidad de reacción, discusión u oportunidad de lucha.

Del mismo modo, la ambigüedad del tiempo hace que la relatividad deje de ser ilusoria para pasar a ser real. Cuando nos encontramos inmersos en un sueño profundo y reparador, y tenemos que levantarnos para ir a trabajar, es efímero; Cuando nos encontramos desarrollando una tarea monótono, aburrida o desagradable, es eterno. Efímero y eterno, pasan a ser dos conceptos abstractos sin dicha unidad de medida. Todo es efímero y circunstancial, o eterno y duradero. Teniendo en cuenta ésta afirmación, quizás, todo dependa de ti, de tu actitud ante lo que te acontece en la vida. Detente y piensa sobre ello, independientemente de la conclusión que alcances, tan sólo el tiempo se permite tales abstractos conceptos, ya que tú tiempo, seas consciente o no, se consume y se concluye.

Organiza, prioriza y establece tu tiempo de tal forma que en lugar de jugar en tu contra sea tu mayor aliado. Tan solo haciendo un uso efectivo del mismo, conseguirás que el día que tú tiempo se agote, que llegue a su fin, tengas la sensacion de que es el momento adecuado. Que todo aquello que un día deseaste hacer, lo hicieras, que aquello que pensaste decir, lo dijeses, que aquello que una vez soñaste, lo consiguieras o no, por lo menos lo intentaras. Que aquella persona a la que amaste, aunque sea durante un tiempo, la amaras de verdad, como se ama, con y desde el corazón. Espero que el día que llegue tu día y la oscura sombra portandora de guadaña te visite, la impaciencia te invada y seas capaz de mirar a sus ojos sin rubor en la mirada, y la misma exprese con seguridad: «Te esperaba con impaciencia.» Consiguiendo desconcertar a la misma muerte.

Utiliza tu tiempo, tiempo de vida, para exprimir al máximo tu vivencias, tus experiencias vitales. Experiencia, que harán que el día que te enfrentes a esa sombra tenebrosa de rostro difuso, el miedo se apodere de su ser, en lugar del tuyo.

 

Carlos Ramajo para –MiFaDeLoSu

One Comment

¿Te ha gustado el post? ¡Deja un comentario!

Translate

A %d blogueros les gusta esto: