Bajo el azul,  Malta,  Mi fábrica de (los) sueños

Malta: El paraíso de los pecios (Chapter III)

Todo empieza sobre las siete de la mañana  Un poco temprano opinaréis aquellos que sois un poco perezosos, pero para poder disfrutar de las cosas más bellas a veces hay que sacrificarse un poco. – Suena el despertador y empiezas a sentir diferentes emociones recorriendo tu cuerpo que terminan concentrándose en tu estómago. Son Nervios, ya que llevas tiempo sin bucear y sabes que siempre hay riesgos al hacerlo. Pero conoces la sensación exacta que experimentarás una vez te sumerjas bajo el azul y eso hace que todo, absolutamente todo, merezca la pena.

Lo primero es desayunar. Mientras, intercambias las diferentes sensaciones con el resto de acompañantes. «¿Qué tal habéis dormido?» Pregunta normalmente el más nervioso de todos. Una vez has terminado de coger fuerzas para lo que sabes que va a ser un día muy intenso, te toca preparar el «equipaje». Al principio era un bañador, una toalla y una GoPro para grabar la aventura. Con los años aprendes que hace falta alguna cosilla más, como una camiseta térmica de neopreno según destino  y unas barritas energéticas, frutos secos o algo de fruta, para no morir en el intento. Aquí como en todo, la experiencia siempre es un grado. –

Una vez terminado todo este ritual, toca desplazarse hasta el club de buceo. Centro en el que has quedado a primera hora de la mañana, normalmente sobre las ocho, para preparar el material necesario para disfrutar de las inmersiones del día. Por lo general dos chapuzones a lo largo de la mañana.

Llegas al club y comienzan las presentaciones o saludos. En ocasiones emotivos estos últimos, si no es la primera vez que trabajas con ellos. «Para ti una M y para ti una L ¿De peso que tal andáis? Pregunta el Dive Master del día». «Yo he cogido un poco este último año», contesta el más gracioso del grupo. Y es que el instructor se refiere a cuantos kilogramos de plomo llevamos cada uno de nosotros a la cintura para realizar las inmersiones. Una vez preparado todo el equipo: Jacket, regulador u octopus, botella, neopreno, gafas, aletas, plomos y alguna cosa más que seguro que me olvido de mencionar, toca desplazarse hasta el punto de inmersión. 

Éste suele ser diverso dependiendo de la orografía del emplazamiento. A pie, en furgoneta, en barco o en el mejor o peor de los casos según se mire, en todos y cada uno de ellos. Según la lejanía y dificultad del lugar. Como sabes que si toca barco como paso final el mareo suele estar garantizado dependiendo de la mar, biodramina (fármaco para paliar los síntomas propios del mareo) siempre cerca. – Otra de las cosas que aprendes con la experiencia de la que antes os hablaba. – 

Una vez alcanzado el lugar, es hora de montar el material de buceo y realizar el último tramo del trayecto hasta el punto exacto de inmersión. Vuelves a sentir ciertos nervios. Sabes que este último paso es importante ya que el equipo presta el soporte vital básico necesario bajo el agua. Los nervios se acrecientan cuando llevas un tiempo sin practicar la disciplina y has perdido un poco de práctica a la hora de montar el equipo – Menos mal que el Dive Master, si es bueno, siempre esta pendiente de que realices esta tarea del modo correcto – . Terminado el cometido, toca briefing: Pequeño repaso a la inmersión de principio a fin junto con un pequeño recordatorio de los símbolos internacionales de seguridad por parte del Instructor. Escuchas atentamente el recorrido a efectuar, las señas obligatorias a facilitar al instructor, das el OK y te colocas meticulosamente el equipo.

Ya esta. Llego la hora. Solo queda «saltar», disfrutar y sobre todo sentir bajo el azul, aquello que de otra manera te sería imposible.

 

Carlos Ramajo para –MiFaDeLoSu

 

El video que se muestra en este post esta íntegramente filmado con la siguiente cámara de acción:

 

 

 

 

 

 

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