Desarrollo Personal,  Mi fábrica de (los) sueños,  Reflexiones

Sin filtros

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La historia de la humanidad se caracteriza por diferentes épocas y se recuerda por aquellos hechos históricos o acontecimientos que cambiaron el curso de la misma. Con las generaciones sucede algo parecido. Se identifican por ciertos modos de vida o particularidades inexistentes hasta el momento, diferenciando así unas de otras.

La generación actual desgraciadamente se diferencia del resto por el excesivo culto a la imagen en las diferentes redes sociales. Un culto que obvia relegando a un puesto inexistente, la parte más importante y fundamental de la existencia humana: La formación intelectual o cultural y los valores y principios que tanto han costado a nuestros antepasados conseguir.

En un sociedad donde el culto a la imagen cobra tanta importancia, una herramienta como el filtro que te permite alterar una imagen de modo que a través de los diferentes tipos existentes puedas resaltar, alterar o incluso transformar una instantánea hasta el punto de modificarla mostrando algo que no se corresponde en absoluto con la realidad es un instrumento muy cotizado.

Del mismo modo que modificamos nuestras mejores fotografías con mil y un filtros para exhibir una imagen un tanto irreal, mostramos a nuestras amistades o simples «followers» de las diferentes redes sociales, una personalidad y un estilo de vida que en absoluto se corresponden con la realidad.

Nos preocupamos por exhibir una imagen de ensueño pero irreal de nuestra manera de vivir. Una representación idílica o paradisiaca de la mejor versión de nosotros mismos que dista mucho de una realidad que pocos alcanzan a descubrir. Pero cuando algo carece de autenticidad, en algún momento cae por su propio peso. Dejando un bonito y magnifico empaquetado de un producto caro pero carente del valor que prometía dicho «packaging».

La solución es sencilla. Si decides exponer tu vida o parte de ella, que cuánto menos sea real. Si no, tarde o temprano te darás de bruces con la cruda realidad: Una vida repleta de fantásticas fantasías pero rebosante de un vacío existencial.

Vive la vida que quieras vivir ¡Por supuesto que sí! Pero que esta no esté condicionada por la que más «likes» pueda reportarte.

 

 

Carlos Ramajo para –MiFaDeLoSu

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