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Hoy toca hablar de conversaciones. Pero no de cualquier tipo de conversación, no. Sino de aquellas que no se produjeron.

Conversaciones que un día quisiste, esperaste e incluso deseaste tener, pero que no tuviste la oportunidad de mantener. Hoy te voy hablar de las conversaciones que se quedaron en eternas conversaciones pendientes.

Seguro que al leer estas primeras líneas, enseguida te ha venido a la cabeza una de esas conversaciones pendientes. Seguro que tienes varias pendientes en tu vida, pero tan solo una ha despertado repentinamente tu subconsciente tras leerme: La conversación pendiente que jamás tuviste con aquella persona.

Persona que un día formo parte de tu vida, con la que compartiste la totalidad de tu intimidad y en la que depositaste toda tu confianza. Y que a pesar que jamas imaginaras que pudiera fallarte o defraudarte, lo hizo.

Una conversación que anhelabas y necesitabas en su momento. Y que cada día que pasaba y no mantenías, más te quemaba por dentro.

Aquella conversación con aquella persona que un día tanto te defraudo por su comportamiento injustificado, aunque amparado en unos sentimientos lícitos pero egoístas, en la que hubieras podido decir que aquello ni había estado bien ni había sido justo. Sin pretender mucho más allá que el hecho de liberar todo aquello que llevabas dentro y así poder afrontar una despedida con la dignidad que merecías. Y que quizás por esa misma razón, por el conocimiento de la invalidez moral de los actos, jamás se te dio la oportunidad de mantener.

Una conversación que de haber tenido lugar en su momento, hubiera servido para acallar esas vocecitas tan molestas que tanto atormentaban tus noches.

Una conversación que si alguna vez tienes la ocasión de mantener, no querrás tener. ¿Por qué?

Porque ya no te importará lo que de ella pueda derivar. Porque entenderás que tras la decepción tan solo podrán existir excusas que nunca justificaran lo sucedido. Porque te podrá más la pereza, el desinterés y la indiferencia hacia la persona, que mantener una conversación que no te aportara absolutamente nada para entender un comportamiento que en su día deseaste entender. ✨
Hoy toca hablar de conversaciones. Pero no de cualquier tipo de conversación, no. Sino de aquellas que no se produjeron. Conversaciones que un día quisiste, esperaste e incluso deseaste tener, pero que no tuviste la oportunidad de mantener. Hoy te voy hablar de las conversaciones que se quedaron en eternas conversaciones pendientes. Seguro que al leer estas primeras líneas, enseguida te ha venido a la cabeza una de esas conversaciones pendientes. Seguro que tienes varias pendientes en tu vida, pero tan solo una ha despertado repentinamente tu subconsciente tras leerme: La conversación pendiente que jamás tuviste con aquella persona. Persona que un día formo parte de tu vida, con la que compartiste la totalidad de tu intimidad y en la que depositaste toda tu confianza. Y que a pesar que jamas imaginaras que pudiera fallarte o defraudarte, lo hizo. Una conversación que anhelabas y necesitabas en su momento. Y que cada día que pasaba y no mantenías, más te quemaba por dentro. Aquella conversación con aquella persona que un día tanto te defraudo por su comportamiento injustificado, aunque amparado en unos sentimientos lícitos pero egoístas, en la que hubieras podido decir que aquello ni había estado bien ni había sido justo. Sin pretender mucho más allá que el hecho de liberar todo aquello que llevabas dentro y así poder afrontar una despedida con la dignidad que merecías. Y que quizás por esa misma razón, por el conocimiento de la invalidez moral de los actos, jamás se te dio la oportunidad de mantener. Una conversación que de haber tenido lugar en su momento, hubiera servido para acallar esas vocecitas tan molestas que tanto atormentaban tus noches. Una conversación que si alguna vez tienes la ocasión de mantener, no querrás tener. ¿Por qué? Porque ya no te importará lo que de ella pueda derivar. Porque entenderás que tras la decepción tan solo podrán existir excusas que nunca justificaran lo sucedido. Porque te podrá más la pereza, el desinterés y la indiferencia hacia la persona, que mantener una conversación que no te aportara absolutamente nada para entender un comportamiento que en su día deseaste entender. ✨
Llevamos unas semanas confinados y los días comienzan a sentirse un poco más difíciles.

Al principio la situación era novedosa, incluso dicho factor le daba cierto halo de interés. ¡15 días en casa sin hacer nada! ¿Dónde hay que firmar? Pero la realidad es que llevas más de un mes y la apatía y la incertidumbre comienzan a apoderarse de ti.

Pasado los primeros días de incredulidad repletos de euforia, llegaron los propósitos de confinamiento cuales propósitos de año nuevo: Una actividad nueva cada día impartida por el instagramer del momento.

Eso sí, con agujetas al tercer día. Por lo que decides que mejor te ejercitabas un poco más tarde ya que tienes todo el día por delante y ninguna obligación.

Poco a poco el remoloneo se traduce en retrasar la poca actividad física que tienes a lo largo del día. Diluyéndose finalmente cualquier vestigio de la misma.

De modo que lo único que te mantenía equilibrado física, mental y emocionalmente deja de existir.

Y así como quien no quiere la cosa hace acto de presencia la apatía: Falta de interés por todo aquello que no sea pasar de la cama al sofá y del sofá a la cama. Un peligroso circulo vicioso ya que la apatía es la antesala de la tristeza y la depresión. ¿Cómo sobrevivir al confinamiento?

El ser humano siempre se ha caracterizado por su capacidad de adaptación. Lo que esta sucediendo no es nuevo. Tan solo es un nuevo escenario al que hay que adaptarse. Y cuanto antes mejor.

La rutina aunque no lo parezca es de un valor incalculable. Es como la tristeza a la felicidad. 
Es lo que hace que las vacaciones, tomarte un café con un amigo o ir a cenar con tu pareja tenga sentido y sea especial. ¿La solución? Crear una rutina que incluya todo aquello que tenías en tu día a día pero adaptado a la nueva situación.

Haz que tu vida, a pesar de las nuevas circunstancias, merezca realmente la pena. De hecho, puede ser el momento perfecto para reinventarse.

La historia de la humanidad nos ha demostrado en más de una ocasión que aquellos seres que antes de adaptan a las circunstancias son aquellos que antes salen adelante.✨
Llevamos unas semanas confinados y los días comienzan a sentirse un poco más difíciles. Al principio la situación era novedosa, incluso dicho factor le daba cierto halo de interés. ¡15 días en casa sin hacer nada! ¿Dónde hay que firmar? Pero la realidad es que llevas más de un mes y la apatía y la incertidumbre comienzan a apoderarse de ti. Pasado los primeros días de incredulidad repletos de euforia, llegaron los propósitos de confinamiento cuales propósitos de año nuevo: Una actividad nueva cada día impartida por el instagramer del momento. Eso sí, con agujetas al tercer día. Por lo que decides que mejor te ejercitabas un poco más tarde ya que tienes todo el día por delante y ninguna obligación. Poco a poco el remoloneo se traduce en retrasar la poca actividad física que tienes a lo largo del día. Diluyéndose finalmente cualquier vestigio de la misma. De modo que lo único que te mantenía equilibrado física, mental y emocionalmente deja de existir. Y así como quien no quiere la cosa hace acto de presencia la apatía: Falta de interés por todo aquello que no sea pasar de la cama al sofá y del sofá a la cama. Un peligroso circulo vicioso ya que la apatía es la antesala de la tristeza y la depresión. ¿Cómo sobrevivir al confinamiento? El ser humano siempre se ha caracterizado por su capacidad de adaptación. Lo que esta sucediendo no es nuevo. Tan solo es un nuevo escenario al que hay que adaptarse. Y cuanto antes mejor. La rutina aunque no lo parezca es de un valor incalculable. Es como la tristeza a la felicidad. Es lo que hace que las vacaciones, tomarte un café con un amigo o ir a cenar con tu pareja tenga sentido y sea especial. ¿La solución? Crear una rutina que incluya todo aquello que tenías en tu día a día pero adaptado a la nueva situación. Haz que tu vida, a pesar de las nuevas circunstancias, merezca realmente la pena. De hecho, puede ser el momento perfecto para reinventarse. La historia de la humanidad nos ha demostrado en más de una ocasión que aquellos seres que antes de adaptan a las circunstancias son aquellos que antes salen adelante.✨