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Y… ¿Si el mundo fuera como los aeropuertos?

Y... ¿Si el mundo fuera como los aeropuertos?

Siempre me ha fascinado la posibilidad real de desayunar en una parte del mundo y cenar en el otro extremo del mismo. Para ello, es necesario pasar por un aeropuerto. Los aeropuertos tienen un encanto especial. Y por ello, merece nuestra atención. Para reflexionar sobre lo que aporta un espacio con tales características e incorporarlo a nuestra persona.

En los aeropuertos, se da una de las mayores grandezas del ser humano evolucionado y civilizado. En los mismos, sus protagonistas a través de la mirada y con una pequeña intriga, examinan con curiosidad otras culturas. En ocasiones, observan esas diferentes formas de ver la vida desde unos perjuicios propios inculcados e impuestos desde el nacimiento de los que ni siquiera son conscientes.

Personas que en pocas ocasiones comparten espacios comunes como los que se dan en un «simple» pero particular aeropuerto. Personas ajenas a la situación concreta del resto de individuos que comparten durante unas horas el mismo espacio. Ignorando de modo inconsciente, la diversidad de circunstancias que se dan en cada uno de ellos.

Personas de diferentes orígenes culturales, que a lo largo de la historia han demostrado tener la maravillosa capacidad de unirse por justos y nobles propósitos. Aunque existan épocas en las que hayan olvidado su propia grandeza despreciando otras formas de ver y sentir la vida.

Los aeropuertos son lugares en los que se respira el respeto hacia la diversidad. Tan solo hay que detenerse unos instantes y mirar. Abrir los ojos y observar. Apreciar la belleza que nos brinda la diversidad de las situaciones personales que se dan ante nuestros sentidos en un aeropuerto.

Detenerse y observar. Un ejercicio que envueltos en el estrés constante de la vida nos hemos olvidado de realizar. Un ejercicio que además de ayudarnos a conectar con nuestro yo más profundo, nos recuerda que no somos el – puto -ombligo del mundo y que nos ayuda a entender y comprender que otra u otras formas de ver o sentir la vida pueden ser igual o mejor que la propia. Y como no, tan respetable y admirable con las demás.

Sociedad, la nuestra, que desde nuestros antepasados más arcaicos siempre a observado con desconfianza otras maneras de entender la vida. Sociedad que en lugar de luchar por imponer su ideología, debería combatir la desigualdad, la injusticia y el abuso de un ser humano sobre otro.

Deberíamos observar las peculiaridades de aquellos espacios que crean armonía entre las diferencias y absorber e incorporar a nuestra persona actitudes que como mínimo nos hacen ser mejores.

Sin lugar a dudas, el mundo debería ser como los aeropuertos. Ecosistemas donde la diferencia, la diversidad y lo desconocido, lejos de generar desconfianza y malestar, originan respeto y admiración mutua.

 

Carlos Ramajo para –MiFaDeLoSu

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